POLÍTICA

Reflexiones sobre un nuevo modelo de Estado en Bolivia

Durante la campaña presidencial, el actual presidente prometió un cambio radical en la distribución de recursos, proponiendo que el 50% de los ingresos se destinaría a las regiones y el otro 50% al nivel central. Esta declaración generó grandes expectativas sobre una transformación en la relación entre el Estado y las regiones, incluso insinuando un […]

Por Verónica Limachi · 29 de julio de 2026

Durante la campaña presidencial, el actual presidente prometió un cambio radical en la distribución de recursos, proponiendo que el 50% de los ingresos se destinaría a las regiones y el otro 50% al nivel central. Esta declaración generó grandes expectativas sobre una transformación en la relación entre el Estado y las regiones, incluso insinuando un camino hacia un modelo federal.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo, las promesas iniciales han comenzado a diluirse. A inicios de 2026, la entonces viceministra de Autonomías, Andrea Barrientos, admitió que no podía establecer un plazo claro para la implementación del modelo 50%/50%, sugiriendo que esto podría tardar hasta diez años. A pesar de ello, en marzo, durante un evento relacionado con la candidatura de Luis Fernando Camacho a la Gobernación de Santa Cruz, el presidente Rodrigo Paz reafirmó la intención de llevar a cabo el plan de redistribución.

Recientemente, el mandatario expresó que para hacer viable el 50%/50% es necesario estructurar un nuevo Estado, lo que plantea dudas sobre la viabilidad de la promesa original. La incertidumbre radica en si se tratará de una reforma constitucional o de una modificación en la institucionalidad existente.

El verdadero desafío que enfrenta Bolivia no se limita al porcentaje de distribución, sino que se centra en la tendencia a transformar reformas fundamentales en meras consignas electorales. Las transformaciones profundas requieren consensos políticos amplios, estudios técnicos y un enfoque claro sobre el tipo de país que se desea construir.

La discusión sobre el 50%/50% puede volverse irrelevante si se ignoran las necesidades reales del país. Bolivia ya cuenta con un marco de autonomías establecido en la Constitución de 2009, pero aún presenta altos niveles de centralización y muchas competencias no se han materializado. Esto sugiere que la discusión debe ir más allá de los números y enfocarse en la creación de un modelo estatal que responda a las necesidades de todos los bolivianos.

Es fundamental replantear las preguntas sobre el futuro del país: ¿Qué modelo de Estado queremos en las próximas décadas? ¿Cómo se deben ejercer las competencias regionales? ¿Qué mecanismos pueden garantizar un desarrollo equilibrado? Sin respuestas a estas inquietudes, el debate se limitará a un simple porcentaje, postergando la construcción de un verdadero proyecto nacional que trascienda las promesas electorales.