La angustia de los migrantes en Doral ante las redadas de ICE
Los venezolanos en Doral se sienten amenazados por la creciente presencia de ICE, lo que ha llevado a varios a aislarse y cambiar su rutina diaria para evitar detenciones.
Por Marisol Callisaya · 24 de septiembre de 2026
Doral, una ciudad del condado de Miami-Dade, se ha convertido en el hogar de muchos venezolanos, pero la llegada de agentes de ICE ha generado un clima de miedo y ansiedad. María, una migrante de 52 años, ha cambiado su vida diaria para escapar de la posibilidad de ser detenida y deportada, especialmente después de que su primo fue arrestado en Orlando aun teniendo un caso de asilo pendiente.
Desde su llegada a Doral hace siete años, María ha intentado adaptarse a la vida en Estados Unidos, pero ahora solo se atreve a salir para trabajar. Sus actividades sociales, como el baile y los paseos por el parque, han sido abandonadas por miedo a cruzarse con patrullas de ICE. "He estado muy asustada; mis pasos están restringidos y no me siento bien", comenta María sobre su situación.
La familia de María llegó a Estados Unidos en 2019 tras sufrir un intento de secuestro en Venezuela, un evento que marcó su decisión de solicitar asilo. A pesar de tener el Estatus de Protección Temporal (TPS), que les garantiza protección contra la deportación, la incertidumbre persiste. En 2025, el entonces presidente Donald Trump eliminó el TPS, lo que complicó aún más su situación.
Ante esta situación, el alcalde de Doral, Javier Fernández, y exlegisladores han hecho un llamado a revocar el acuerdo 287(g), el cual permite la colaboración entre la policía local y ICE en la detención de migrantes. Sin embargo, la alcaldesa Christi Fraga ha declarado que su administración no puede interferir en las operaciones federales.
María siente que su vida se ha convertido en una especie de secuestro emocional. La ansiedad que ha desarrollado se refleja en síntomas físicos, como un tic en su ojo derecho que no cesa. Su única salida es para llevar a sus hijas a la escuela, confiando en que otras madres venezolanas, con ciudadanía estadounidense, las transporten. "Esto no es vida", concluye, considerando la posibilidad de mudarse a Canadá.