TECNOLOGÍA

La proliferación de imágenes generadas por inteligencia artificial

La inteligencia artificial ha cambiado la forma en que se crean imágenes, pero su uso excesivo puede dejar de lado la creatividad humana y la autenticidad.

Por Dayana Poma · 18 de septiembre de 2026

En el pasado, una imagen creada por inteligencia artificial era motivo de asombro. La idea de generar rostros ficticios, paisajes espectaculares o escenas complejas en cuestión de segundos parecía mágica. Sin embargo, en la actualidad, esta innovación ha perdido su encanto y se siente cada vez más común. Al navegar por redes sociales como Facebook, Instagram o WhatsApp, es habitual toparse con anuncios, logotipos y publicaciones que son el resultado de esta tecnología.

No se puede negar que la inteligencia artificial es una herramienta valiosa que puede beneficiar a muchas personas si se utiliza adecuadamente. El problema surge cuando se convierte en un reemplazo de la creatividad y el talento humano. Muchas organizaciones están optando por esta tecnología para generar contenido visual de forma rápida y económica, dejando atrás el trabajo manual de profesionales como diseñadores y fotógrafos.

Detrás de cada imagen, animación o video solía haber un profesional que dedicó años de su vida a perfeccionar su arte. La creación de una obra visual implica un proceso complejo que requiere tiempo, experiencia y decisiones cuidadosas. Cuando este proceso se sustituye por instrucciones simples, no solo se ahorra dinero, sino que se menosprecia el esfuerzo creativo.

Uno de los efectos más notorios de esta práctica es que muchas imágenes generadas por IA comienzan a parecerse entre sí. Con características comunes como la iluminación ideal y rostros perfectos, la originalidad se ve comprometida. Aunque no todas las imágenes son iguales, el uso masivo de esta tecnología puede llevar a un contenido que se percibe vacío y repetitivo.

Además, el uso de imágenes generadas por IA en contextos sensibles, como homenajes o campañas sociales, puede restar autenticidad. La conexión emocional que se obtiene de una imagen real, capturada por una persona, es difícil de replicar con una creación artificial.

El ámbito de los medios de comunicación enfrenta desafíos similares. Tradicionalmente, una fotografía periodística representaba un documento de un acontecimiento real. A medida que se hace más fácil crear imágenes convincentes, es crucial distinguir entre lo auténtico y lo fabricado, para no perder la confianza del público.

El impacto ambiental de la generación de contenido por IA también merece atención. Los centros de datos que alimentan estas tecnologías requieren una enorme cantidad de energía y agua. Según la Agencia Internacional de Energía, se estima que estos centros consumieron 415 teravatios-hora de electricidad en 2024 y esa cifra podría superar los 945 teravatios-hora para 2030.

No obstante, esto no significa que debamos rechazar el uso de la inteligencia artificial. La clave está en cómo la utilizamos. Un diseñador puede aprovecharla para inspirarse o agilizar ciertos procesos sin sacrificar su creatividad. Por lo tanto, en lugar de preguntarnos si la IA puede crear imágenes, la pregunta significativa es: ¿realmente necesitamos que lo haga siempre?

En un mundo donde producir imágenes es más fácil que nunca, lo verdaderamente valioso podría radicar en aquellas obras que llevan el toque humano, el esfuerzo y la originalidad.