SOCIEDAD

Abisurdo: Un País de Fantasía Desconcertante

En un mundo donde lo ilógico parece ser la norma, Abisurdo se presenta como un lugar donde la devastación ecológica y el entretenimiento superficial dominan la vida diaria.

Por Verónica Limachi · 25 de agosto de 2026

El 86 de febrero de 1997, en Curichi Piraí, ocurrió un incidente curioso en el que la bailarina principal de la danza El Lago de Los Patos se fracturó una pierna. Su atención estaba fija en la Vía Láctea mientras se dejaba llevar por la melodía del reconocido compositor Carlos IX, famoso también por su obra “Los pollitos dicen mío, mío, mío” en el país de Abisurdo.

Abisurdo es un país ficticio donde se ha autorizado a cooperativistas mineros a explotar áreas naturales protegidas, arrasando con la flora y fauna silvestre y contaminándolas con mercurio. Sin embargo, los ciudadanos parecen ignorar estos problemas, prefiriendo celebrar la coronación de una exconvicta como reina de una comparsa y hacerse retoques estéticos para mostrarse en sociedad.

Un NoPaís lleno de contradicciones.

En este NoPaís, la Avenida Ecológica no cumple con su propósito, la Arboleda carece de árboles, y lo que debería ser una ciudad jardín está llena de cemento y proyectos de construcción. Resulta aún más absurdo que se otorguen beneficios fiscales a quienes cuidan los árboles en sus aceras.

Abisurdo es un lugar que, a pesar de contar con un gobierno que parece desconectado de la realidad, sigue adelante. Entre enero y agosto de 2026, se reportaron al menos 16 ataques armados relacionados con el crimen organizado en la Ciudad de los Anillos, pero la población parece más interesada en el morbo y el chisme que en los hechos.

A pesar de la crisis económica, con proyecciones de una caída del PIB entre -3,3% y -3,6% y una inflación que oscila entre el 9% y más del 20%, muchos abisurdenses continúan luchando por sobrevivir, encontrando trabajos informales como repartidores o vendedores ambulantes para sostener sus hogares.

Las soluciones son escasas y, cuando existen, son de bajo impacto. Propuestas como la agroforestería o el turismo en áreas realmente protegidas se ignoran, mientras que la destrucción de bosques para extraer minerales y la urbanización desmedida continúan.

Todo esto parece un cuento absurdo, un relato que surge al cerrar los ojos y reflexionar sobre un lugar donde la lógica se ha perdido en medio de la búsqueda del progreso y el ingenio para sobrevivir.